Yoga y los Aceites Esenciales

12 de mayo de 2021

¿En qué punto se conectan el Yoga y los aceites esenciales? 

Los aceites esenciales son compuestos volátiles que se encuentran en las plantas (hojas, tallos, flores, semillas, raíces, etc). Estos compuestos contienen propiedades que afectan directamente al cuerpo. Estos compuestos, en las mismas plantas funcionan para protegerlas de insectos, bacterias, virus, hongos y heridas.

Los aceites esenciales encierran un poder medicinal inmenso, y al igual que el Yoga, los aceites trabajan sobre los diferentes cuerpos del Ser Humano. En un primer nivel, el aceite esencial trabaja de forma fisiológica con un espectro poderosamente amplio. Hay aceites que ayudan con la circulación, que apoyan diferentes sistemas, el respiratorio, el digestivo, el sistema nervioso central, que trabajan sobre la presión, las alergias, los virus, las bacterias, los hongos, golpes, inflamaciones, etcétera. Es decir podríamos utilizar únicamente los aceites como botiquín medicinal físico y ya contaríamos con una amplia gama de aliados para afrontar muy diversas afecciones.

Sin embargo la mejor forma de usar un aceite esencial en el nivel físico es desde la prevención. La incorporación de aceites esenciales en la vida diaria puede aumentar considerablemente la calidad de vida de una forma tan asombrosa que parecería cosa de brujos. Estamos acostumbrados a abordar la salud cuando hay un problema con ella, pero la salud se construye todos los días desde la alimentación, el descanso, la actividad, la consciencia y el bienestar.

Salud de ninguna manera es ausencia de enfermedad. Y no es que los aceites esenciales simplemente ayudan a sanar sino que muy rara vez un aceite esencial provoca un efecto secundario. Sin embargo es importante, como cualquier medicina, conocer la forma correcta de usarlos. Cualquier medicina mal utilizada puede transformarse en un veneno, pero nunca nadie ha muerto por mal uso de aceites esenciales.

Sin embargo, cuando nos acercamos a medicinas alternativas, los mitos y los miedos son tan grandes que muchas veces, nos cerramos a conocer posibles soluciones a los males que nos aquejan. Desde este lugar habría que reflexionar a quienes no les conviene que sepamos sobre un tipo de medicina ancestral: algo tan poderoso proveniente de la naturaleza no le conviene a la industria farmacéutica. La elaboración de los medicamentos surge en un primer momento desde el trabajo con las plantas, ungüentos y preparados naturales. 

Pese al inmenso poder que tienen sobre el cuerpo físico, quiero hacer foco en otro cuerpo, el emocional. Rara vez aprendemos a lidiar con nuestras emociones. La inteligencia emocional parece un estudio de postgrado al cual sólo unos pocos acceden, cuando en verdad es un saber fundamental que deberíamos desarrollar en la edad de crecimiento. El poder atravesar las emociones es vital para un estilo de vida sano. De nada sirve comer bien y dormir 8 horas diarias si no puedo lidiar con la angustia, la bronca o el estrés.

Para la medicina tradicional china, casi la totalidad de las enfermedades surge de una emoción no resuelta. (Esto era antes de que existiera la comida procesada, pero ese tema es para otro artículo). Esta forma de (no poder) lidiar con las emociones, desencadena una serie de eventos que empiezan a enfermarnos lentamente.

Las emociones que no fluyen quedan estancadas en el cuerpo y de pronto un estrés laboral que no se supo manejar se comenzó a tapar con, por ejemplo, una copa de vino y así acceder a un estado de relajación. La emociónes no resueltas se van acumulando hasta un punto en donde no sé sabe cómo lidiar con cualquier emoción que produzca un poco de estrés, angustia o irritabilidad. El cerebro comienza a asociar esa situación con un vino (vino o chocolate, o mate, algo dulce, o marihuana, o un atracón de frutas, etc.) para poder descomprimir el estrés, cuando en verdad es un mecanismo de evasión para no tener que hacerle frente a esa emoción, que para esta altura ya no es solo esa emoción, sino todas las emociones que se fueron guardando desde quien sabe cuando.

Los aceites esenciales funcionan también desde el sentido del olfato. Un aroma llega al sistema límbico en un aproximado de tres segundos. Este sistema es el que regula las respuestas fisiológicas frente a los estímulos y alberga los instintos, la memoria involuntaria, el hambre, los instintos sexuales, la conducta. Es en donde se guardan los recuerdos y las emociones (aparte de quedar energéticamente atrapadas en diferentes órganos y tejidos). El olor de la lavanda, en tres segundos puede desencadenar en el cerebro límbico un recuerdo profundo al que quizás no pude acceder ni con 10 sesiones de terapia. El aceite esencial viaja directamente al origen de los traumas y recuerdos, a la caja de Pandora donde se guardan esas emociones para destapar y permitir un acercamiento sano y consciente a ellas.

Así como en lo físico, cada aceite trabaja un aspecto emocional diferente y hay tantos aspectos como aceites. El uso intuitivo de los aceites por los diferentes aromas puede permitir un proceso de sanación emocional desde un lugar lúdico y placentero. Tener algo tan puro, tan natural y tan eficaz que trabaje directamente sobre las emociones, los recuerdos y los traumas es la llave a un poder inmenso sobre nosotros mismos. Los aceites esenciales nos ayudan a atravesar cosas que hasta nos cuesta comunicar para poder empezar a sanarlas.

En un tercer plano, los aceites también trabajan el cuerpo espiritual. Es algo tan puro y tan ancestral que nos conecta con eso que somos. Somos naturaleza, somos seres divinos, cósmicos. Y utilizar algo tan puro como la esencia de las plantas es conectarnos con un nivel de consciencia superior y profundo. Es conectarnos con nosotros mismos y derribar creencias limitantes que no nos permiten alcanzar nuestra verdadera expansión.

A diferencia de las emociones, las creencias están arraigados profundamente en nuestro inconsciente y son los anteojos mediante los cuales vemos al mundo y creamos nuestra propia realidad, sobre nosotros y sobre lo que nos rodea y esto impacta directamente en lo que hacemos, en cómo lo hacemos y en lo que sentimos. Las creencias limitantes manifestadas desde un contexto de carencia y no de abundancia pueden formularse en patrones que van teniendo cada vez más peso.

Los aceites esenciales pueden ayudarnos a romper con esos patrones, estas creencias limitantes para identificarnos con nuestra verdadera naturaleza abundante, infinita, divina y cósmica. Reconocernos como seres divinos espirituales es la llave para sentirnos verdaderamente completos y nos permite transitar esta manifestación de vida desde un lugar más liviano, amoroso y alegre.

La esencia de las plantas puede ayudarnos a trabajar desde las profundidades de nuestro ser para alcanzar un estado de bienestar que nos permita reconocernos como seres naturales y elevar nuestra consciencia con técnicas profundas de prácticas de desintoxicación física y pránica y meditación que nos conduzcan a un que nos permitan fundirnos con el Universo.

By Mar García

Instructora de Ashtanga Yoga, coach holistica en formación y realizadora audiovisual.

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