La Sadhana del Minuto Eterno

17 de marzo de 2021

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”, dijo un tal Albert Einstein. Y muchas veces nos preguntamos: ¿dónde será que ha quedado la mía? Es que, como casi todo, esta fuerza necesita de desarrollo, incentivo, alimentarla de constancia y de un propósito específico. Parece la serpiente mordiéndose la cola ya que muchas veces la constancia necesita del respaldo de la voluntad. ¿Cómo se hace entonces para salir de esta encrucijada?

La respuesta necesita otra vez ir en contra de la idealización de nuestros objetivos, de no poner más la meta tan lejos enalteciendo los métodos necesarios para conseguir esa meta u objetivo. No es necesario estar en posición de loto de 45 a 90 minutos para poder decir “Hoy medité”. No hace falta vivir sin pertenencias casi en el nivel de la indigencia para ser humilde y desapegado. Es a la mente a la que le hace falta Crear esta idea para evitar que lleguemos al punto de Pensar lo que queremos y no lo que la mente desea. 

Casi siempre la finalidad de las prácticas (Sadhanas) de Yoga, meditación e incluso correr o hacer deporte, tienen que ver con “desenchufarse”, dejar las preocupaciones, terminar con el parloteo interno que nos persigue hasta la cama misma. Mal les pese a los racionalistas ortodoxos, es necesario detener la mente por un rato, pero es mucho mejor intentar Usar la mente Sólo cuando la necesitamos…. Quéee??? Sí, claro. Si decimos mi mano y la movemos cuando queremos; si decimos mis pies y los usamos solo cuando queremos caminar o correr, si decimos mi boca y la usamos cuando queremos comer o hablar, por qué es tan raro pensar que podemos decir mi mente y así mismo usarla cuando queremos. 

Es por eso que como todo Imperio, la mente no quiere una revolución. Vivimos en la tiranía de la mente, donde ella está acostumbrada a hacer lo que desea casi sin reparo y cuando intentamos hacer algo que va en contra de su soberanía, el miedo la invade y desata su tormenta de recursos. Convertir en inalcanzables las herramientas que ponen en juego su mandato está a la orden del día: “no tengo tiempo”, “es muy difícil”, “nunca me va a salir”, “hay que vivir en el campo”, “hay que ser monje”, y una catarata de fundamentos interminables más.

La sencillez para combatir estas teorías mentales es de lo que se agarra la mente para desacreditar su potencialidad, su éxito inevitable. Son tan sencillas las cosas que hay que hacer, que son desacreditadas justamente porque no podemos CREER que semejante pequeñez pueda funcionar de algo. Y ese razonamiento minúsculo derriba la voluntad antes de que se pueda poner en pie. La mejor de las prácticas es la que empieza durando un minuto, tan solo un minuto, porque no hay excusa posible para evitar hacer cualquier cosa que dure un minuto. Cuando vamos hacia la parada del colectivo tenemos un minuto, cuando lavamos los platos, cuando nos bañamos, antes de irnos a dormir o apenas nos levantamos. Hacer cosas sencillas que no hacemos nunca durante un minuto es muy profundo, y no es una manera de decir, esto es así. Si tomamos la decisión de hacer algo conscientemente, es decir por “encima” de la mente y un patrón establecido de ella, esta decisión es el resultado de una observación profunda. Por ejemplo si me digo, “Por un minuto voy a prestar atención a mi respiración para intentar, durante ese minuto, no prestar atención a ningún otro pensamiento”, si con suerte logro hacerlo por 10 o 12 segundos o durante 5 en el medio y 5 al final, el resultado de esta práctica es altamente positivo, porque quiere decir que se puede hacer algo que la mente decía que no, y si por el contrario no se logró ni un segundo, el resultado es igual de fantástico porque la mente no quería hacerlo y de todas formas lo intenté y esa es la clave. 

Hay que tomar envión y confiar, confiar en que si pudimos poner en práctica algo que queremos en contra del deseo de la mente, eso es una práctica exitosa, no importa tanto al principio si logramos el objetivo final de la práctica. Ningún niño escribe una poesía la primera vez que toma un bolígrafo y sin embargo con el tiempo lo logra aprendiendo letra por letra. Por eso un minuto puede volverse eterno, porque en cada minuto podemos elegir hacer una sencilla práctica que se una con otra y con otra, y que saque la mente el velo de misticismo con el que cubre a la sencillez.

Tenemos el poder de decidir, tenemos la fuerza para continuar, tenemos el entusiasmo de la conquista, de ver que pudimos un minuto, después uno y medio, después tres; que puede no funcionar mientras intentamos y que ese intento es, en realidad, Funcionar. Elegir metas alcanzables es comprenderse, es mirarse, es auto sostenerse, esa elección internamente sabia deshace la excusa de la mente del “No me sale, no voy a poder”. Saber qué sí podemos hacer, es una observación de autoconocimiento que afloja la exigencia torturante de la mente y que inevitablemente irá haciéndonos más fuertes y nos permitirá ir más profundo. No darse por vencido es vencer, es convertir al minuto en eternidad.

By Beto Fernández

Estudios Básicos de Filosofía Vedanta en India, Técnico en EMF Balancing, Terapeuta Ghiank, Acompañante de emprendimientos.

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1 Comentario

  1. Jorge

    Excelente! Muchas gracias! Con voluntad y constancia podemos lograr todo.
    Los sigo leyendo muchas gracias

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