Ashtanga Yoga

1 de febrero de 2021

Para quien no conoce absolutamente nada sobre esta práctica, podría introducirla como “meditación en movimiento”, pero poniéndome en el lugar de quien no sabe de qué hablo, seguramente se imagine algo muy tranquilo, donde nos movemos suavemente, casi sin transpirar mientras evocamos técnicas de meditación profundas. Y la respuesta a eso es si y no. Sí porque los movimientos no son bruscos, hay una tranquilidad y una calma que subyace a la práctica, pero definitivamente es considerada una práctica dinámica, intensa y en la que sin lugar a dudas, transpiras todo el mat. También es verdad que mediante la práctica se llega a un estado meditativo profundo, pero no porque evoquemos una meditación guiada interna o escuchemos a un instructor que nos guie en una meditación. No. Pero uno de los pilares del Ashtanga Yoga es la sincronización de los movimientos con la respiración. Mientras inhalo voy haciendo un movimiento especifico, y mientras exhalo, otro. Esos son los llamados movimientos respiratorios, que son los que unen las asanas o posturas. En las asanas practicamos la quietud desde un lugar activo y completamente presente, la conjunción de dos fuerzas opuestas, Sthira y Sukha: Sthira podrá traducirse del sánscrito como la capacidad de permanecer firme, estable, habla del tono muscular también; Sukha en cambio habla de un lugar de contentamiento, de felicidad, de comodidad y también habla de relajación, de libertad. Los textos sagrados hablan que el asana sucede cuando suceden Sthira y Sukha, algo así como un estado de comodidad y libertad dentro de la firmeza, la estabilidad, la diciplina. Entonces enlazando los movimientos respiratorios conscientes con las asanas comenzamos a vislumbrar la puntita del icberg de la práctica del Ahtanga Yoga. Los componentes de esta práctica siguen y cada uno permite una totalidad profunda y transformadora.
A continuación puedo hablar del Drishti y el estilo Mysore.

El Drishti es la mirada enfocada en un punto, y cada asana tiene uno específico. Se dice que el Drishti es la mirada del alma, y reposar la vista en un único punto durante toda la duración del asana (al menos 5 respiraciones) ayuda a calmar la mente. 

El estilo Mysore es la forma en la cual se practica este tipo de Yoga. Al contrario de muchos estilos, en Ashtanga Yoga no hay un instructor o instructora delante de la clase, guiando las posturas a quien los practicantes siguen. No. En el Ashtanga Yoga hay “series”, lo que vendrían a ser como una coreografía ya armada de posturas entrelazadas entre si por movimientos respiratorios específicos. Son secuencias de asanas que siempre se practican en el mismo orden. Cada serie tiene un principio con saludos al sol, el desarrollo de la serie, y un cierre con posturas que van preparando el cuerpo para aquietarse y poder eventualmente sentarse a meditar. ¿Qué tiene de especial este método de práctica? Al no tener un instructor a quien seguir y al estar necesariamente obligado a aprender la secuencia de memoria sucede algo profundo y transformador: la atención deja de estar afuera, en un otro, y pasa a estar adentro: y hay tantas cosas a las que prestar atención que inevitablemente estamos forzándonos a estar en el momento presente una y otra vez. Entre acordarme qué postura sigue, coordinar la respiración con los movimientos, enfocar el drishti y llevar la cuenta de las respiraciones en cada asana mientras trato de permanecer firme pero cómoda, no queda mucho espacio para la cháchara mental. Un cóctel brillante de herramientas combinadas para diciplinar la mente y permitirme habitar plenamente el presente. Y en ese habitar del presente, la mente comienza a aquietarse, y ahí entonces aparece la meditación. La meditación en movimiento. ¿Y para qué quiero meditar? Esta es una pregunta que se puede abordar desde la teoría, desde la ciencia, desde la experiencia y muchos lugares más, pero hay algo que es intransferible, y nada de lo que nadie pueda escribir permitirá que quien lo lea experimente algo de lo que la meditación produce en el Ser. Pero hay algo que es seguro: sentarse e intentar poner la mente en blanco a la fuerza es bastante complicado, pues la mente lucha hasta última instancia para permanecer activa. En vez, hace varios años atrás, se diseñó una práctica que permite entrar en un estado meditativo sin siquiera darte cuenta: El Ashtanga Yoga.

By Mar García

Instructora de Ashtanga Yoga, coach holistica en formación y realizadora audiovisual.

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